Cuadernos Muci
Editores
Federico Pacanins
Joanna Vegas

Mateo Manaure
Recuentos


Selección y
revisión de textos:
Juan Pablo Muci
Federico Pacanins


 


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Mateo Manaure: recuentos
(tomado de las palabras del artista incluidas en el cuaderno)

Mi regreso a Caracas luego del segundo viaje a París me hace recordar algo importante: Renuncié a mi beca. Pude haberme quedado un poquito más de tiempo en París, pero hubo un momento en que tomé conciencia de algo: Mi madre se había sacrificado, me había traído de los caños del Orinoco para darme una educación en Caracas. Yo, hijo único; mi madre viviendo en Antímano sola. Cuando gano el Premio Nacional se me creó un drama porque le decía, ¿cómo te vas a quedar sola? Y aquella mujer, con gran entereza y valentía, respondía: Te traje de los caños del Orinoco para educarte en Caracas y ahora das un salto a París. Vete y olvídate de mí... Aquello me mortificaba terriblemente.

Tenía en París ya tres años y un día le hablé a Alfredo Boulton, gran mecenas y propulsor de todo cuanto hacíamos los disidentes, de mi necesidad de regresar. Alfredo me respondió: ¿Qué vas a buscar a Venezuela, si ya te estás desenvolviendo en el ambiente parisino? (ya había expuesto en salones y galerías). Le hablé del compromiso con mi país y con mi madre, de la necesidad de retribuirles lo que me habían dado. Y regresé con la buena suerte de que si no lo hubiese hecho en ese momento, no habría podido realizar los vientiseis murales que tengo en la Ciudad Universitaria... Hasta cierto punto se hubiera perdido la gran oportunidad de mi vida como artista.

Nosotros Los Disidentes trajimos a Venezuela el arte abstracto en los años cincuenta. En ese momento en Venezuela nadie entendía aquello. Fue una lucha extraordinaria y en ella participó activamente el arquitecto Carlos Raúl Villanueva.

Conocí a Villanueva recién llegado de París, después de mi primer viaje. Nosotros, Disidentes, habíamos roto con todas las instituciones de Venezuela, incluído el Museo de Bellas Artes. No teníamos donde exponer, ni queríamos exponer en los pocos sitios que existían. Pero entonces nos dimos cuenta de que la única forma para mostrar nuestra obra era encontrar un sitio. La Nena Palacios, que tenía una tienda de decoración -Casa Moderna, se llamaba-, me ofreció el local para hacer mi primera exposición. A la muestra asistió Carlos Raúl Villanueva, y cuando vio las obras expuestas, mis primeras obras abstractas, me dijo: Manaure, éso es lo que yo necesito para la Ciudad Universitaria.

Para entonces realizaba una abstracción un poco lírica, influenciado por Kandinsky, presente en los primeros murales que se hicieron para el Estadio de la Ciudad Universitaria. Pero luego hubo una evolución. A mí me interesó más Kandinsky que Mondrian en aquel primer momento, pero cuando entro de lleno en el proyecto de la síntesis de las artes, cuando hay que integrar la pintura a la arquitectura, allí doy un cambio en favor del abstraccionismo geométrico propio de Mondrian. Este cambio está presente en dos murales de la plaza cubierta de la UCV; uno, de tendencia todavía lírica, es el que está enfrentando a la obra de Arp, el Pastor de Nubes; el otro, más geométrico es el que está en la parte de atrás del Aula Magna. Esos fueron los primeros murales porque la Plaza Cubierta se hizo con mucha premura debido a que allí se celebraría una importante conferencia internacional.

Pude sacar una conclusión de esas dos obras iniciales: el mural que da hacia la parte interior de la plaza se integra a la escultura de Arp por sus formas, pero es algo lírico; mientras que el otro, el ubicado en la parte de atrás, el que se hizo después, ése se integra; es algo más logrado con respecto al concepto de integración de las artes plásticas a la arquitectura, desarrollado por Villanueva; y esa fue la pauta a seguir para los más de veinte murales que desarrollara posteriormente en las facultades de arquitectura e ingeniería de la Universidad Central de Venezuela.

Los críticos de arte tienen que profundizar y escribir que la modernidad del arte en Venezuela tuvo un comienzo. Ese comienzo fue Carlos Raúl Villanueva en la arquitectura y el grupo Los Disidentes en el arte; para demostrarlo tenemos el testimonio de la Ciudad Universitaria.

Si no hubiéramos pasado por París, si no hubiésemos asimilado todo lo que asimilamos, no habría mos podido contribuir con lo que ha significado para el arte venezolano el gran salto hacia un mundo diferente. Un salto hacia la modernidad sin desligarnos de algo que para nosotros es muy importante: el trópico. Nosotros somos gente del trópico; al color no podemos descartarlo, porque el color de nuestra tierra es la esencia de la que nos hemos nutrido desde un comienzo.


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